Torpe Lulu

Por Kai Strand (Traducción por Andrea)

Una paloma matutina ululaba desde el árbol que estaba sobre mí. La suave brisa me arrulló hasta quedarme dormida.

“¡GUAU!” Me desperté de golpe. Mi corazón latía frenéticamente. El viento silbó por mis oídos cuando me caí de la rama. Luché por recuperar el aliento. Mi brazo se estrelló contra la rama de un árbol haciéndome gritar de dolor.

“¡Lulú, vuela!” gritó Adrián.

Oh, sí, pensé para mí misma. Pasé mi examen, ahora puedo volar.

Extendí mis largas y delgadas alas detrás de mí. Pero lo hice demasiado rápido, el fuerte viento las llenó desde atrás y se dieron la vuelta como un paraguas en un día ventoso.

¡No soy muy buena en esto! Entré en pánico. Piensa rápido. ¿Cómo se solucionan las alas al revés?

Mi pie chocó dolorosamente contra otra rama que pasaba. Me hice una bolita y me agarré el tobillo adolorido. Mis alas instantáneamente se revirtieron al lado correcto.

Así es; Credo de duendecillo #15, ¡redondea tu espalda para enderezar las alas!

Revoloteé desesperadamente. Mi descenso se hizo más lento pero no se detuvo.

Escuché un comentario burlón que venía de atrás de una gran flor blanca: “¡Un duendecillo que ni siquiera puede dormir en un árbol!” Las risitas suaves me siguieron a medida que perdía más altitud.

Giré en un círculo lento e incómodo. Finalmente me dí cuenta de que mi ala inferior derecha no se había arreglado completamente. La golpeé con el brazo y se puso en su lugar. Por fin, mis cuatro alas batieron juntas y me quedé flotando.

Avergonzada, pero aliviada, sonreí a algunos de los otros duendecillos que miraban desde atrás de las hojas y flores de los manzanos. Agité mis alas inferiores un poco más fuerte y volé hacia arriba. Casi había regresado a mi hoja cuando mi cabeza se tiró hacia atrás. Una sensación de ardor recorrió la parte posterior de mi cabeza. Cambiando mis alas de nuevo al modo estacionario, me estiré hacia atrás para desenredar mi cabello de las pequeñas ramas.

Así es; Credo de duendecillo #4, átate el cabello, ¡o quédate atrapado por las cosas!

Después de muchos tirones y giros, finalmente continué mi ascenso. Me pareció oír una risita detrás de una de las flores. Cuando miré hacia abajo para revisar, ¡WHAM! Volé directo a chocarme con un abejorro. Una nube de polen se posó sobre mí, tornándome amarilla y cubriendo mis alas de encaje.

“¡Cuidado, duendecillo!” zumbó la abeja.

“¡Lo siento señor!” Respondí rápidamente.

Así es; Credo de duendecillo #5, con las primeras luces de primavera, las abejas tienen el derecho a parar primeras.

¡Tantas reglas! ¡Es una maravilla que haya pasado mi prueba de vuelo!

Después de que la abeja se fue volando, aceleré un poco y me apresuré a regresar a mi hoja, aterrizando junto a mi hermana mayor, Adrian.

“¡Mala suerte, Lulu!” dijo ella. “No te rasgaste un ala, ¿verdad?”

“No, pero ahora están todas pegajosas y llenas de polen”.

“Conseguiré el kit de pulido para que puedas encargarte de eso”, dijo Adrian extendiendo sus alas, lista para volar.

“Naah, estoy agotada. Lo haré después. ¿Qué tal un juego de Semillas?”

Adrian me levantó una ceja.

Así es“, dije volteando los ojos. “Credo de duendecillo #12, pule tus alas antes de jugar.”

Adrián se rió. Ella voló hacia mí, me tomó de las dos manos llevándome a volar con ella. “Y, Lulu-Gruñona, ¿cuál es el Credo de duendecillo #1?”

Le sonreí mientras revoloteábamos juntas en el aire, agitando el dulce aroma de las flores de los manzanos y enviando una lluvia de polen a las ramas debajo de nosotras, “Aletea, revolotea, baila y canta, ¡un duendecillo dichoso es algo hermoso!”

El fin.


Tiempo de preguntas:

1. ¿Qué despertó a Lulu?

2. ¿Cómo logró que sus alas volvieran a colocarse en su lugar?

3. ¿Por qué crees que las abejas tienen el derecho a pasar primeras en primavera?

4. ¿Cuántos de los ‘Credos de duendecillo’ puedes recordar?

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