La Princesa Phoebe Encuentra Trabajo

Por Debra Friedland Katz (Traducción por Andrea) –

La princesa Phoebe suspiró. Su té se había enfriado y apenas si había tocado sus bollos. Sus dos hermanas, la princesa Irene y la princesa Marion, se estaban sirviendo sus segundas porciones.

“¿Qué sucede?” preguntó la princesa Marion.

“Estoy aburrida” dijo la princesa Phoebe. “Quiero algo que hacer.”

“Sé lo que podemos hacer” dijo la princesa Marion. Sacó una fresa de uno de los cuencos y se la metió en la boca. “Tengamos un baile de disfraces.”

“Eso no es lo que quiero decir” dijo la princesa Phoebe. “Quiero un trabajo. Y no hables con la boca llena,” agregó ella “es grosero.”

“¿Un trabajo?” dijo la princesa Irene. “Una princesa no hace nada, excepto decirle a otras personas qué hacer.” Apoyó los pies sobre la mesa y se recostó en la silla. “Creo que un baile de disfraces es una idea espléndida.”

“Por favor, quita los pies de la mesa” dijo la princesa Phoebe. “Esa no es la manera de sentarse como una dama.”

La princesa Irene bajo los pies al suelo.

“Debemos empezar a prepararnos si vamos a tener un baile de disfraces” dijo la princesa Marion. “Tendremos que encargarnos de las invitaciones, los disfraces y la comida.”

“El salón de baile necesita una nueva capa de pintura” intervino la princesa Irene. “Y tendremos que pedir más sillas.”

¿Más sillas? pensó la princesa Phoebe. Eso podría ser algo que ella podría hacer.

A la mañana siguiente, la princesa Phoebe fue a ver al carpintero.

“Ya hablé con sus hermanas y ya comencé con las sillas” dijo el carpintero.

“Maravilloso” dijo la princesa. “Estoy aquí para ayudar a construirlas.”

“Pero… pero… por supuesto.” balbuceó el carpintero, que no tenía la costumbre de discutir con una princesa.

El carpintero le mostró a la princesa Phoebe las herramientas y le explicó cómo usarlas.

La princesa Phoebe se puso a trabajar. El martillo era más pesado de lo que parecía y estuvo a punto de cortarse los dedos con la sierra.

Cuando la princesa Irene y la princesa Marion fueron a ver el progreso del carpintero, se sorprendieron al encontrar a su hermana arrodillada junto a una silla, con un martillo en una mano y un clavo en la otra.

“¿Puedo sentarme en ella?” preguntó la princesa Marion.

“Es ‘¿me puedo’…,” dijo la princesa Phoebe, “y sí, puedes.”

La princesa Marion se sentó con cautela en el asiento. “Se tambalea.”

“Lo sé” suspiró la princesa Phoebe. Ella dejó el martillo y el clavo en la mesa de trabajo y agradeció al carpintero por dejarla ayudar.

A la mañana siguiente, la princesa Phoebe llamó a las costureras.

“Si está aquí por los vestidos de gala,” dijo la jefa costurera, “sus hermanas ya ordenaron tres.”

“Estoy aquí para ayudar a hacerlos.” dijo la princesa Phoebe.

“Bueno… yo… ciertamente,” tartamudeó la costurera, quien nunca pensaría en discutir con una princesa. Ella le mostró a la princesa Phoebe cómo enhebrar una aguja, le entregó dos piezas de tela y le mostró por dónde empezar.

Más tarde ese día, la princesa Irene y la princesa Marion se dirigieron al cuarto de costura para ver cómo les iba con sus nuevos vestidos. De nuevo se sorprendieron al encontrar a su hermana. Ella tenía un montón de tela en el regazo y una aguja e hilo en una de sus manos.

La princesa Phoebe levantó el vestido en el que había estado trabajando.

“Yo no voy a usar ese” dijo la princesa Irene.

“Si no puedes decir algo agradable, no digas nada en absoluto” dijo la princesa Phoebe. Ella dejó el vestido sobre la mesa y agradeció a las costureras por su paciencia.

A la mañana siguiente, la princesa Phoebe se dirigió a la cocina del castillo.

“Es demasiado pronto para empezar a preparar la comida para el baile” dijo la jefa de cocina. “Pero estaremos haciendo pasteles para el té de la tarde.”

La princesa Phoebe levantó un delantal del gancho de la pared y se lo ató en la cintura. “Me gustaría ayudar.”

“¿Ayudar?” repitió la cocinera. “Bueno… si insiste.” La cocinera le dio a la Princesa un tazón y una cuchara para mezclar.

“¿Dónde está la receta?” preguntó la princesa.

“Aquí arriba” respondió la cocinera, tocándose la cabeza. Ella recitó la receta para la Princesa.

La princesa Phoebe se puso a trabajar. Pero ella no podía recordar si el pastel requería dos o tres tazas de harina. Ella dejó caer cáscaras de huevo en la masa y confundió la sal con el azúcar.

Esa tarde, la princesa Irene y la princesa Marion visitaron la cocina. No se sorprendieron al encontrar a su hermana, ya que su búsqueda de trabajo era la comidilla del castillo. En la mesa frente a ella había un pequeño pastel.

“¿Me permites probarlo?” preguntó la princesa Marion. Ella se metió una servilleta bajo el cuello y cogió un tenedor.

“La servilleta debe estar en tu regazo” dijo la princesa Phoebe, “y sí, puedes.”

La princesa Marion puso la servilleta en su regazo y le tomó un trozo de pastel. Ella hizo una mueca.

La princesa Phoebe se desató el delantal, lo colocó junto al pastel y le agradeció a los cocineros por permitirle estar en su cocina.

La princesa Phoebe sabía que tenía que haber algo que ella pudiera hacer.

Ella trató de ayudar al escribano, pero un día de escribir invitaciones y poner direcciones en los sobres la dejó con un calambre en la mano.

Ella trató de ayudar al jardinero real, pero parecía no poder recordar qué extremo debía estar hacia arriba al plantar los bulbos de tulipanes y se cortó el vestido con las tijeras de podar.

Ella incluso trató de ayudar a los pintores a pintar el salón de baile, pero estar de pie en la escalera la mareaba.

“No sigues buscando trabajo, ¿verdad?” preguntó la princesa Marion una tarde. Las hermanas estaban en el salón de dibujo revisando el correo del día.

“Yo…” comenzó la princesa Phoebe.

“¡Ya llegó!” exclamó la princesa Irene. “La respuesta del príncipe Henry.” Ella abrió el sobre para ver la carta.

“No es de buena educación interrumpir” dijo la princesa Phoebe.

“Lo siento” dijo la princesa Irene y bajó la mirada para ver el sobre que tenía en las manos. Ella notó que le colgaba una uña, así que comenzó a morderla.

La princesa Phoebe tuvo una idea.

En la mañana del baile, la Princesa Irene y la Princesa Marion se sentaron en el salón de dibujo a discutir los preparativos de última hora.

“¿Dónde has estado toda la semana?” preguntó la princesa Irene cuando la princesa Phoebe apareció en la puerta.

“Encontré un trabajo” respondió la radiante princesa Phoebe. “Síganme. Les mostraré.”

La princesa Phoebe condujo a sus hermanas fuera del castillo y al otro lado del foso hasta un pequeño edificio.

“¿No es ese el cobertizo donde los caballeros guardan sus viejas armaduras?” preguntó la princesa Irene. “Se ve diferente.”

“Es diferente” dijo la princesa Phoebe. Las armaduras ya no estaban y fueron reemplazadas por mesas y sillas construidas por el carpintero. Los pintores le habían dado a las paredes una nueva capa de pintura. Las costureras habían cosido cortinas para las ventanas y los jardineros habían plantado flores junto a la puerta.

La princesa Phoebe señaló un cartel, escrito a mano por el escribano, que colgaba sobre la puerta.

La Escuela De Modales De La Princesa Phoebe

Modales Enseñados

Comportamiento Refinado

“Tenías razón” dijo la Princesa Phoebe. “El trabajo de una princesa es decirle a otras personas qué hacer.”

El fin.


Tiempo de preguntas

1. ¿Qué quería conseguir la princesa Phoebe?

2. ¿Qué trabajos intentó la princesa Phoebe?

3. ¿Qué otros trabajos pueden haber en un castillo?

4. ¿Te gustaría intentar alguno de los trabajos?

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