Por Kevin J. Doyle (Traducción por Andrea) –
A Lloyd le encantaban los paseos familiares en el parque. Jugaba persiguiendo a su mamá y luego le contaba sobre las cosas geniales que le habían sucedido, como que la escuela el próximo año probablemente, no definitivamente, será más difícil que el año pasado. Otras veces, su papá y él pateaban una pelota de fútbol de un lado a otro. Excepto últimamente, su padre generalmente pasaba el tiempo de la caminata empujando a su hermana pequeña en su cochecito mientras le daba de comer palomitas de maíz. O persiguiéndola por la hierba para evitar que caiga en el estanque los peces. Pero pase lo que pase, cada uno de sus paseos familiares por el parque terminaba con un helado de la Tienda de Golosinas de Gus, ¡lo cuál era increíble! Y sí, todo era diversión, juegos y geniales golosinas hasta que un día, hace poco tiempo, una de estas salidas al parque cambió la vida de Lloyd para siempre.
Su familia y él estaban en un parque nuevo cerca de su casa. Solo había estado abierto un par de semanas y ya habían estado allí al menos ocho veces. Era, de lejos y sin duda, el mejor parque que Lloyd había visitado jamás. Pero este día, de alguna manera fue aún mejor. Los pájaros, patos, ardillas y ranas que podía ver y escuchar parecían estar más… activos. Emocionado incluso. Y todas las flores, árboles y plantas rebosaban con colores más vivos que nunca. Los rojos eran más brillantes, los azules oscilaban como las olas del mar y los verdes eran suaves como el terciopelo. Los amarillos y naranjas estallaban como pequeños fuegos artificiales que nunca se quemaban. Todo el equipo de juego parecía ordenado y había un brillo resplandeciente en toda el área. El parque burbujeaba de anticipación por algo… o, tal vez, por alguien.
No mucho después de comenzar su caminata, la mamá de Lloyd recibió una llamada de alguien importante del trabajo, por lo que tuvo que hablar por su teléfono celular. Su hermana pequeña no estaba concentrada devorando sus palomitas, se negaba a reírse de lo mal que cantaba su papá y ni siquiera quiso galopar alegremente por la hierba. Lo que significaba que su papá estaría cuidando durante toda la caminata. Por lo que Lloyd estaba caminando detrás de todos, usando un palo para trazar una línea en el barro al lado de la acera.
Fue entonces cuando vio por primera vez a un extraño personaje vestido con un traje azul oscuro saltando debajo de unos árboles cercanos. Debajo del traje del hombre había una camisa de vestir blanca con volantes y una corbata delgada, azul oscuro y mal anudada. Sus zapatos eran viejos, destartalados con cuadrados blancos y negros. Tenía una barba castaña desaliñada y un grave caso de cabello sin cepillar. Lloyd se quedó en la acera, pero hizo todo lo posible por seguir al interesante hombre. Sin embargo, rápidamente se dió cuenta que rastrear a este hombre iba a ser una tarea difícil.
El hombre no se apegó a ningún camino y parecía no saber nada sobre líneas rectas. Saltó de roca a árbol, a arbusto, a árbol, a roca, a banco y de vuelta al suelo sin perder el ritmo. Nunca perturbó nada cerca de las plantas que lo rodeaban y tenía muchísimo cuidado de no pisar ninguna de las flores. Lloyd no estaba seguro, pero estaba bastante seguro de que los árboles, los arbustos y las brillantes flores se giraban para ver pasar al extraño hombre. En todo caso, las plantas circundantes ciertamente crujían un poco pese a que apenas había brisa. A veces, el hombre brincaba en la parte superior de una pared de roca cercana, que bordeaba la acera, por lo que Lloyd saltaba sobre la pared de roca detrás de él y brincaba siguiéndole el ritmo. De vez en cuando, el hombre miraba por encima de su hombro hacia Lloyd, pero nunca dejaba de moverse.
¿Acaso se suponía que debía tratar de atraparlo? Lloyd pensó en esa pregunta y en varias más. ¿Qué estaba haciendo el hombre en el parque? ¿Adónde iba? ¿Qué pasaría cuando llegara allí… donde sea que “allí” sea? La mamá de Lloyd todavía estaba en la llamada de su trabajo y su papá seguía distraído con su quisquillosa hermana pequeña. Así que él continuó siguiendo al hombre de traje azul con la esperanza de encontrar algunas respuestas. De repente, las cosas tomaron un giro misteriosamente mágico.
El hombre saltó de un lecho de flores a una roca alta y luego hizo un salto mortal hacia delante sobre la ancha rama de un árbol. El árbol en el que aterrizó respondió temblando como un perro mojado liberando una lluvia de hojas de colores rojo manzana, naranja atardecer y amarillo arena. El hombre atrapó algunas de las hojas en el aire y usó un palo para garabatear en cada una antes de soltarlas para que flotaran hasta el suelo. Lloyd corrió debajo de la rama del árbol y atrapó cada una de las hojas que caían con algo escrito. Había siete de ellas. Para cuando las hubo reunido en sus manos, el hombre estaba en marcha otra vez. Éste saltó del árbol a una banca del parque, hizo una rueda de carreta sobre un rosal, dio un salto giratorio sobre un pequeño grupo de pinos pequeños y continuó moviéndose locamente por el parque. De árbol a roca, a suelo, a arbusto y así sucesivamente. Lloyd apretó las hojas contra su pecho y continuó siguiendo al extraño personaje.
Afortunadamente, pronto llegaron a uno de los grandes estanques del parque donde la mamá y el papá de Lloyd decidieron hacer una pausa y descansar. Su papá siguió tratando entretener a su llorosa hermana pequeña y su mamá se sentó en un banco para poder concentrarse en terminar su llamada de trabajo. Lloyd levantó la vista mientras el hombre de traje azul saltaba de rama en rama hasta llegar al lado opuesto del estanque. Luego, plif-plaf, ¡se lanzó directamente al agua y nadó con los pájaros, los peces y las ranas como si fueran los mejores amigos! Aquí también parecía como si toda la naturaleza se reunía alrededor del pequeño extraño, saludándolo y riéndose con él. El hombre comenzó a sacar varios tipos de alimentos de sus bolsillos para arrojárselos a algunas de las criaturas que lo rodeaban. Lloyd sabía que esos debían ser bolsillos mágicos porque ninguno de sus abrigos podía producir instantáneamente moscas, trozos de pan, comida para peces y semillas para pájaros. Lloyd observó por un momento al hombre mientras caminaba alegremente en el estanque y alimentaba a los animales antes de darse cuenta de que era un buen momento de resolver el misterio de las hojas con garabatos.
Extendió y colocó las siete hojas sobre el suelo para poder ver lo que estaba escrito en cada una. Lloyd pensó que un par de las imágenes podrían ser “I, “L” u “O”, pero ninguna se parecía a algún tipo de escritura que hubiera visto antes. Un fuerte chapoteo lo distrajo y miró hacia arriba para ver cómo el hombre hacía un salto mortal hacia atrás desde el borde del estanque para caer al agua. Del mismo modo, Lloyd estaba casi seguro de que toda la vida salvaje que lo rodeaba estaba aplaudiendo y riéndose. De repente, Lloyd escuchó un sonido nuevo, una especie de tos ventosa. Miró de un lado a otro, pero no había nadie cerca. Luego, cuando volvió a mirar las hojas, ¡una de ellas parpadeó! Lloyd se levantó sorprendido e inmediatamente reconoció lo que había en cada hoja. ¡Todas tenían diferentes partes de una cara dibujada en ellas!
Habían dos hojas con ojos, en una había una nariz, dos de ellas tenían orejas, una tenía un labio superior y la última tenía un labio inferior. Lloyd las arregló todas para que la cara estuviera en el orden correcto y ambos ojos cobraron vida, mirándolo fijamente. Entonces, la cara hecha de hojas le habló con una voz alegre y ligeramente ventosa.
“¡Muchas gracias! No sabía si me ibas a descubrir. ¿Cuál es tu nombre?”
“Lloyd. ¿Cuál es el tuyo?”
Los ojos de la cara en las hojas se agrandaron y redondearon mientras sus labios se torcieron en una expresión pensativa.
“¡No lo sé!” dijo. “¡Acabo de ser creado, ya lo sabes!”
“Te llamaré señor Crinkles,” dijo Lloyd. “Siempre he pensado que las hojas tienen un sonido crujiente cuando rozan el suelo. ¡Cómo cuándo trituras papas fritas!
“¡Maravilloso!” dijo la cara en las hojas. “Señor Crinkles. ¡Que adorable! Nunca he tenido un nombre. Me siento ahora muy importante y distinguido. Y tú también eres bastante importante, como debes saber.”
“¿Yo? ¿Importante? ¿Por qué?” preguntó Lloyd.
“Bueno, el señor Bandoofernen no viene a un parque a visitar a cualquiera. Tú debes ser muy especial para haber sido elegido.” dijo elseñor Crinkles.
“Señor, ¡ban-doo-fer-nen! Qué nombre tan divertido.” dijo Lloyd. “En cuanto a mí, bueno, solo soy Lloyd. Yo no sabía que era especial. ¿Para qué me eligió?”
“¡Para proteger el parque, por supuesto!” respondió la cara en las hojas.
Esta le explicó que el señor Bandoofernen era una persona extraordinaria cuyo trabajo consistía en elegir a un niño o niña para cuidar cada parque de la ciudad. Él había estado vigilando a Lloyd y lo había elegido para cuidar este nuevo lugar porque había demostrado tener cuidado con las plantas y siempre se había preocupado de no molestar a ninguna de las flores. El hombre también había determinado, por las acciones de Lloyd, que él era observador, limpio, amable y amaba a los animales.
“Además, el señor Bandoofernen tiene una relación mágica única con la naturaleza y te la ha pasado un poco a ti.” continuó el señor Crinkles. “Por ejemplo, ahora tú puedes dibujarme en las hojas tal como lo hizo él. Entonces podré contarte las necesidades de los diversos animales, plantas y árboles que viven en el parque.”
“Fascinante” dijo Lloyd. “Será excelente tenerte como amigo”.
“Entonces, ¿qué dices, joven? ¿Serás nuestro protector del parque?”
“¡Sí, por supuesto!” dijo Lloyd.
“¡Ya me lo imaginaba!” El señor Crinkles le respondió. “Seguir al señor Bandoofernen es un privilegio excepcional. Él sólo elige a aquellos que son dignos. Oh, parece que tu familia se está preparando para irse. Será mejor que me vaya. ¡Hasta la próxima!”
La cara en las hojas sonrió, le guiñó un ojo y luego se dispersó con la suave brisa.
Lloyd estaba asombrado por todo lo que había escuchado. Levantó la mirada y vio a su papá poniendo a su hermana pequeña de nuevo en la carriola y vio a su madre guardar su teléfono. Sin embargo, Lloyd no quería irse del parque. Él quería hablar un poco más con el señor Crinkles y aprender más sobre el místico señor Bandoofernen. Todo a su debido tiempo, supuso.
Mirando a su alrededor, Lloyd notó algo inusual: los árboles circundantes ahora susurraban hacia ÉL y lo saludaban agitando sus poderosas ramas. Él les devolvió la sonrisa, deseando volver pronto para ayudarlos a todos.
Pero… ¿dónde estaba ese notable señor Bandoofernen? Él ya no estaba en el agua. De hecho, todas las tortugas, pájaros, ranas y peces ahora nadaban del lado del estanque donde estaba Lloyd. Cada uno de ellos mirándolo expectante. Lloyd metió la mano lentamente en el bolsillo de su chaqueta, ¡y se sorprendió al sacar mágicamente un puñado de migas de pan! Se los arrojó a todos los animales y ellos felices devoraron el bocadillo antes de graznar, croar y nadar hacia sus hogares.
Un crujido en el árbol encima de él hizo que Lloyd levantara la vista. Y allí, finalmente, estaba el señor Bandoofernen, haciendo volteretas hacia atrás a lo largo de una rama grande y ancha. Él se detuvo justo encima de Lloyd y luego le sonrió, le hizo una reverencia y lo saludó. A continuación, el divertido hombrecito de traje azul saltó para atrapar los pies de dos pájaros que pasaban volando y ¡el trío se elevó en el aire! Lloyd lo vio desaparecer en el cielo perfectamente azul.
“¡Vamos, hijo! ¡Es hora de ir a la Tienda de Golosinas de Gus!” lo llamó su papá.
Lloyd fue brincando hasta ponerse al lado de su familia. Algún otro día, tal vez les cuente sobre cómo siguió al señor Bandoofernen y cómo había accedido a convertirse en el protector del parque. Tal vez incluso les presentaría al señor Crinkles. Pero esas cosas podían esperar. Porque en ese momento, ¡era la hora del helado!
El fin.
Tiempo de preguntas
1. ¿Cómo terminaban siempre sus caminatas, Lloyd y su familia?
2. ¿Qué tenían las hojas que Lloyd había recogido del hombre del traje azul?
3. ¿Por qué crees que Lloyd fue elegido para ser el protector del parque?
4. ¿Qué tipo de poderes le había dado el señor Bandoofernen a Lloyd?
5. ¿Cómo podemos cuidar de los parques y los lugares que visitamos?


















