Por Cynthia Reeg (Traducción por Andrea) –
Rudy se dejó caer sobre el duro banco de la escuela.
“Bienvenidos de nuevo, estudiantes, a la Clase de Arte Para Magos Principiantes.” Una sonrisa se dibujó en el arrugado rostro del profesor Bumbles. Rudy había oído rumores de que el profesor Bumbles era el profesor más viejo de la Academia Merlin. Él tendría más de quinientos años.
“Hoy, estudiantes, terminaremos de dibujar nuestros dragones para el concurso de arte de la escuela”.
¿Por qué la escuela no podía tener un concurso de la Desaparición Más Rápida o unas Olimpiadas Mágicas? Rudy podría tener la oportunidad de ganar uno de esos. El director Ghouligan siempre decía: “Los magos deben estar preparados en todas las áreas de su educación.” Rudy se hundió en su asiento. Él deseaba poder hacer su propio acto de desaparición ahora mismo.
“¿Tienes un pequeño problema?” preguntó el profesor Bumbles. Rudy asintió con la cabeza. Su dibujo parecía un sapo fofo.
“Si quieres quedarte unos minutos después de la clase de hoy, podemos trabajar juntos en tu dragón”, dijo el profesor Bumbles. Sonó el gong que anunciaba el fin de la clase. Rudy observó con tristeza cómo todos salían. Todos excepto él.
“Empecemos de nuevo.” El profesor Bumbles agitó su varita mágica. El dibujo de sapo desapareció. “Ahora cierra los ojos. Imagina tu propio dragón.”
Rudy cerró los ojos. “Todo lo que puedo ver es negro.”
“Inténtalo de nuevo”, dijo el profesor Bumbles con un guiño.
Rudy respiró hondo y cerró los ojos. Pensó en los brillantes ojos de un dragón. En los dientes afilados de un dragón. En la humeante nariz de un dragón y en la cola llena de escamas de un dragón. “¡Vaya! ¡Ya lo veo!”
“Que bueno. Ahora mantén los ojos en tu dragón y deja que tus dedos hagan el dibujo.”
Rudy tocó el papel con su lápiz mágico. Se imaginó las garras puntiagudas de un dragón y las alas gigantescas de un dragón, y siguió dibujando con los dedos.
“Eso es todo”, dijo el profesor Bumbles. “Tú sí puedes dibujar. ¡Maravilloso, Rudy!” el anciano profesor tropezó mientras aplaudía. Sus gafas cayeron al suelo, rotas.
Pero Rudy apenas y si notó el problema del profesor. Rudy observaba el papel con su boca abierta de par en par. Ahí estaba el mismo dragón que había imaginado en su mente, solo que ahora se encontraba en su papel. Rudolph Houdini Magus, el terrible estudiante de arte, ¡había dibujado un súper dragón!
“Oh, cielos”, dijo el profesor Bumbles, hurgando en sus bolsillos. “Creo que tengo otro par de anteojos aquí en alguna parte. Y sé que tengo algo de pintura que puedes usar, Rudy. Está sobre mi escritorio… o tal vez en mi escritorio…”.
Rudy dejó de mala gana su increíble dibujo de dragón para ayudar a buscar la pintura. Tirando de uno de los pesados cajones inferiores, Rudy casi se cae cuando este se abrió con un crujido. “¡Ay!”
Lagartijas de color verde lima, ratones magenta e insectos con los colores del arcoíris se arrastraban entrando y saliendo de los botes de pintura entreabiertos. Cuando los coloridos bichos se arrastraron de vuelta a la pintura, ¡desaparecieron!
“¡Puaj!” Una rana morada saltó sobre el regazo de Rudy. “Creo que encontré la pintura, profesor Bumbles.” Rudy arrojó la resbaladiza rana de vuelta al cajón. Sus pantalones tenían ahora lunares de pintura morada.
Rudy vio un bote de pintura sellado en el rincón más alejado. En la tapa del frasco, las letras descoloridas decían “DRAGÓN“. Él agarró el frasco y cerró el cajón de un golpe.
Los ojos entrecerrados del profesor Bumbles estudiaron el hallazgo de Rudy. “Sí, eso es… creo. Usa esa pintura en tu dragón. Observa la imagen en tu mente mientras pintas. Concéntrate y deja que tus dedos fluyan.”
“Gracias” dijo Rudy, recogiendo sus cosas. “Creo que este dragón va a ser algo especial.”
Corriendo de regreso a su habitación, Rudy puso todos los suministros en su escritorio y abrió la pintura de dragón con cuidado.
“¡Qué asco!” ¡Qué olor tan horrible! Apestaba como huevos de iguana podridos. ¿La pintura mágica puede estropearse como la leche de cabra? Rudy negó con la cabeza. Ahora estaba poniendo excusas para no terminar el dibujo. ¿De qué tenía miedo? ¿De la pintura o de él mismo?
Rudy tomó su pincel y lo sumergió profundamente en la apestosa pintura. Pintaría su dragón tan bien como lo había dibujado. ¿Qué decía siempre el Director Ghouligan? “Un buen mago es un mago seguro de sí mismo. Cree en ti mismo y podrás crear magia.”
Rudy hinchó el pecho. “¡Creo en mí mismo!” Cerró los ojos e imaginó a su dragón: ojos amarillos brillantes, escamas de color rojo intenso, dientes blancos resplandecientes, alas verdes relucientes y una cola con manchas azules. Con mano firme, Rudy pasó la brocha llena de pintura por el papel.
¡Sí! Él lo estaba haciendo. El dibujo del dragón de Rudy se veía increíblemente real. Podría tener una oportunidad en el concurso de arte después de todo. Rudy volvió a mojar el cepillo y lo sostuvo por encima de las garras del dragón.
“¿QUÉ?” ¡Los ojos del dragón parpadearon! ¡Y su cola con manchas azules azotó la página! Algo había salido mal. Tal vez la pintura del profesor realmente estaba podrida. Incluso como un mago joven, Rudy sabía que los dragones eran muy peligrosos. Él tenía que detener este error antes de que empeorara.
Rudy empezó a retirar el pincel del papel, él no daría las últimas pinceladas. Y para estar verdaderamente seguros, él debería destruir la imagen.
Rudy hizo una pausa. Si él destruye esta imagen, ¿podría alguien creerle que había creado un súper dragón? Las alas verdes del dragón aleteaban amenazadoramente en el papel. Rudy negó con la cabeza, debe detener a este dragón ahora.
Con una mano temblorosa, Rudy retiró el pincel. ¡Oh, no! La última gota de pintura mágica cayó sobre el papel. ¡El dragón de Rudy estaba terminado!
Resoplando vapor, el dragón comenzó a inflarse como un globo. De soplo en soplo se hizo más y más grande. En un instante, el dragón de Rudy ya no era plano y ya no estaba en el papel.
Rudy agarró salvajemente a su colorido dragón, que ahora volaba hacia la ventana abierta. Él agarró su cola con manchas azules. El dragón casi se libera de su agarre mientras él trataba de recordar un hechizo. Rudy resopló. ¿Cuál era ese hechizo que habían estudiado en la Clase de Transformación? Casi podía imaginar la página del libro de texto en la que estaba. ¡Imagen! ¡Sí, ahora lo recordaba!
Con un rugido, el dragón giró su cabeza hacia Rudy.
“¡YIKES!” Rudy esquivó una ráfaga de fuego y luego con todas sus fuerzas lanzó al dragón, que aún seguía creciendo, hacia el techo apartándolo de la ventana abierta. Otra ráfaga caliente chamuscó el cabello de Rudy mientras él cerraba los ventanales. Agachándose hacia un lado, Rudy cayó detrás de su escritorio.
Cree, pensó Rudy. Tengo que creer en mí mismo.
Tragando saliva, Rudy se puso de pie y extendió su mano derecha mientras el dragón se abalanzaba sobre él. “¡Dragón, dragón, bestia demasiado audaz, conviértete en una imagen para admirar!”
Una bocanada de vapor ardiente siseó al salir del dragón mágico. Luego, con un grito ahogado, voló de regreso al papel de Rudy.
“Oh, vaya, vaya, vaya” murmuró el profesor Bumbles, tropezando a través de la puerta. “Me temo que te di la pintura equivocada.”
Rudy levantó su dibujo del dragón mágico. “No hay problema, profesor. Lo tengo todo bajo control.”
El profesor empujó sus gafas sobre su abultada nariz. “Así lo veo.”
Rudy sonrió complacido. “¡Creo que mi dragón será la pintura más realista del concurso!”
El profesor Bumbles sonrió. “Sin lugar a duda.”
El fin.
Tiempo de preguntas:
1. ¿Por qué estaba Rudy molesto?
2. ¿Qué sucedió cuando Rudy comenzó a dibujar su dragón?
3. ¿Qué tenía de especial la pintura que usó?
4. ¿Cómo consiguió Rudy que el dragón volviera al papel?


















